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domingo, 8 de julio de 2012

Noche

Un cuentillo de esos que te hacen a acordar a la locura al despertarte, de ese sentimiento de paranoia, cuando sabés que estás totalmente solo, excepto por esa oscuridad que te rodea.

Noche



Te despiertas de un profundo sueño, ya no recuerdas lo que en él pasó, las imágenes se escapan de ti a medida que los segundos pasan, pero tu corazón late con fuerza, y un miedo infundado se apodera de ti, llevándote a abrir los ojos y observar a tu alrededor lentamente, apenas podiendo mover la cabeza.
La oscuridad es absoluta y por más que te esfuerzas en descubrir un rayo de luz, sólo puedes sentir como la noche te rodea, cada vez más oprimente sin dejarte respirar con normalidad. Dejas de intentarlo, ya con un dolor en los ojos del intento de dilatar aún más tus pupilas.  
Tus sentidos comienzan a despertarse, el hecho de no poder ver agudiza los demás, sin embargo no logras captar sonido alguno, tan sólo el de tu respiración agitada que aumenta cada vez más su velocidad. Comienzas a dudar, tu cerebro al fin comienza a trabajar. Te preguntas dónde estás, qué es lo último que recuerdas del día anterior y qué es lo que te perturba. Sientes que no estás solo, a pesar de no percibir nada más que a ti mismo, tu intuición te dice lo contrario. El miedo se convierte en terror, tiemblas desenfrenadamente, un sudor frío recorre tu cuerpo, cuando comienzas a sentir como la temperatura desciende abruptamente, congelándote hasta el alma. Te mueves, logrando así despertar el tacto, sintiendo las sábanas sobre ti inútiles ante el frío que hay dentro de tu propio ser, ese que se apodera de tu garganta y tu pecho, haciéndote perder la valentía que poseías a pesar de todo. Tu piel se pone de gallina, y el pelo de la nuca se te eriza al igual que el pelaje de un gato al sentirse amenazado. Cierras con fuerza tus ojos, los cuales tenías abiertos inútilmente.
Una extraña sensación, un presentimiento más allá de los cinco sentidos, ese misterio de la mente humana, hace sentirte oprimido, sientes que una entidad, una fuerza te rodea y se acerca cada vez más y más, algo se cierne sobre ti, no sabes qué ni de dónde proviene, pero puedes detectar su presencia. Apretas los dientes, hasta sentir dolor, insignificante ante el daño psicológico que estás sufriendo. Sabes que se acerca, pero no logras distinguir nada
Lo sientes sobre tu cama, pero el sentimiento de aprisionamiento no se detiene: Alrededor no hay nada más que tu cama. Las paredes cada vez más juntas una de la otra, el aire escasea, pero te niegas rotundamente a sacar tu cabeza de aquella inútil e infantil defensa constituída por unos trozos de tela helados.
Te esfuerzas terriblemente por intentar develar la escencia de lo que te está paralizando, pero la incertidumbre que te genera aumenta tu terror. Intentas pensar en otra cosa, dejar de lado esa claustrofobia naciente, pero la oscuridad también domina en tus pensamientos, no logras definir una imagen.
De repente el mundo se redujo a tu propio cuerpo, aquel pequeño envase frágil de un alma más indefensa que su armadura de carne. Te acurrucas intentado protegerte de algo desconocido, que rápidamente va rodeándote por completo. Ya no tienes escapatoria, sólo tienes la lenta tortura de la espera, de lo desconocido. Algo tira de tu fortaleza, y tus manos tiemblan demasiado para el forcejeo. Cae tu último mecanismo de defensa e intentas gritar, pero ningún sonido sale de tu pecho, o quizás la oscuridad no te permitió oírlo. Es el final, tus ojos fuertemente cerrados dejan escapar lágrimas y con resignación comienzas a encomendarte a lo que sea que esté por ocurrir.
De pronto los abres, y no recuerdas bien qué estabas soñando, pero tu corazón late con fuerza y un miedo infundado se apodera de ti.

sábado, 18 de febrero de 2012

Realismo fantastico - El bondi

Un cuento que hice en el colegio, y alargué un poco. En el realismo fantástico hay un hecho que nos desconcierta, nos hace dudar de si es totalmente realista el relato entrando en el mundo de lo paranormal.

El Bondi


Vuelves a despertarte, esta vez por el ruido del despertador sobre la mesa de luz. No has tenido una buena noche, pesadillas, demasiado cansancio y un calor agobiante han hecho de tus intentos de dormir un desperdicio de valioso tiempo. Estás empapado en sudor, sudor que curiosamente está frío, refrescándote hasta cierto punto. Rápidamente te duchas, afeitas, desayunas y realizas todas las actividades que sueles hacer todos los días a la misma hora, en el mismo lugar. Te ves cegado por el sol al abrir la puerta de tu hogar, si bien te parecía imposible, ahora sentías mucho mas calor que durante la noche. Caminas en la misma dirección de siempre, con la vista perdida hacia adelante, la mente en blanco, creerías que sigues soñando de no ser por los dolores del cuerpo tras una inquieta noche.
Nerviosamente, casi sin darte cuenta, sacudías en tu mano derecha las monedas. Hace mucho tiempo que esperas el autobús. Un tic te domina haciéndote mirar el reloj en tu muñeca izquierda. El calor es agobiante, ese sentimiento de relajación se apodera de tu cuerpo, haciéndote perder ligeramente el equilibrio en más de una ocasión. No estás solo, otros como tú, esclavos del transporte público, comparten contigo la situación, la larga espera cotidiana, la insufrible monotonía de los días que transcurren y se escapan de nuestras manos con tanta facilidad como el agua. Casi en un parpadeo te ves sentado junto a la ventanilla, enrollando inconscientemente el boleto. Alguien se sienta junto a ti. Te parece extraño, hay muchos individuales vacíos. te pregunta por una parada, intentando iniciar una conversación, pero tu falta de entusiasmo rápidamente la apaga. Algo te inquieta, miras de reojo a tu acompañante. hay algo en él que desentona, desencaja. Un aire misterioso lo rodea, atrayéndote poderosamente hacia su persona. La vestimenta parecía normal, veías detalladamente cada prenda de su cuerpo. El ruido de un reloj de bolsillo tortura tu mente, sientes que cada vez es más fuerte, más rápido, acelerando el pulso de tu corazón sin razón alguna.  Su manera de hablar, si bien lo dicho fue poco te incita a seguir hablando con él, a preguntarle qué es lo que lo atrae allí.
-Este autobús está maldito.- Escuchas de la butaca de al lado con total naturalidad, como quien habla del clima. Te quedas impactado, no le crees pero tu curiosidad te lleva a invitarlo a que se explique. No te parecía un bromista, tampoco crees que esté loco, miras a tu alrededor, nadie parece preocuparse de las palabras de tu acompañante, más bien las miradas se posan en ti, miradas furtivas y murmullos que te hacen sentir inquieto, no comprendes qué es lo que atrae de ti su curiosidad. Intentas no pensar en ello y preguntas a qué se refiere.
-Fue hace unos años, esta misma fecha, estas mismas horas. Ya por esos tiempos en la compañía tenía mala fama, muchos accidentes en los registros del DIE 666. Iba repleto, pero tenía asiento aquí mismo. Me di cuenta que me había pasado de parada, cuando miré aquel semáforo.
Volteas a verlo, allí estaba, viejo y oxidado por el paso del tiempo. Cuando vuelves a acomodarte no encuentras a nadie a tu lado. No lo encuentras en el autobús. Tu pulso se acelera, cada segundo pasa más y más lento, no logras contener el miedo, tu cuerpo tiembla, al igual que todo lo que está a tu alrededor. De repente un ruido de bocinas, el chirriar de un frenado inútil. El impacto, el dolor, la agonía, los gritos y la nada.